StarCraft II Writing Contest Winners

EL TENIENTE FANTASMA - Damián Parodi

Por Ian Parr.

EN EL MEDIO

Nunca habíamos visto las estructuras que arman los Zergs de cerca, eran gigantescos órganos que se elevaban como un edificio de cinco pisos. Se hinchaban y se deshinchaban lentamente respirando. El olor que despedían era nauseabundo y la gelatina en donde estaban erguidos se chorreaba no solo por la pendiente que daba a nuestra base sino también de la plataforma espacial. Estábamos bien cerca, veíamos volar a los Mutaliscos, a muchos soldados no les daba importancia, pero tener volando sobre nuestras cabezas a esas criaturas capaz de derribar nuestras naves, edificios etc. era realmente intimidante. La misión era confidencial y extraña: debíamos proteger a los Zergs de los Protoss. La teniente Kerrigan estaba al mando y sabía lo que pasaba, de hecho nos lo había explicado mas de mil veces, debíamos proteger a los Zergs porque íbamos a usarlos como armas contra la Confederación, pero cada vez que nos lo repetía se le notaba en la voz la duda que tenía tanto como nosotros sobre el sentido de tener a la plaga más salvaje de la galaxia a metros de nosotros y a la raza que acababa de destruir Antiga Prime, a menos de un kilómetro al otro lado. Éramos el jamón de un sándwich y estábamos en el peor lugar ya que los Protoss debían pasar sobre nosotros para acabar con los Zergs. Lo único que nos tranquilizaba era el Hiperión, el gigantesco crucero espacial con nada más ni nada menos que el mismísimo Arcturus Mengsk, el líder de los hijos de Korhal que se estaba perfilando para gobernar a los Terrans usando a los Zergs para amenazar al planeta Tarsonis, la capital de la Confederación.

La base estaba preparada y las tropas listas para defenderla. Fantasmas en las bases altas y Marines dentro de los bunkers, las torretas girando sincronizadas con los radares para impedir algún objetivo aéreo. Luego de estar mucho tiempo meditando Kerrigan entró al puente de mando, encendió la mesa en donde se veía la plataforma vista de arriba y conectó el video transmisor para que Mengsk esté presente dentro del planteo de la misión.

– Bueno, ya lo repetimos mil veces así que una mas no nos va a traumar, la misión principal es proteger a los Zergs de los Protoss. Un satélite tomó esta fotografía aproximadamente hace dos horas – dijo Kerrigan mostrando en la pantalla en donde se veían marcadas las posiciones de ambas facciones – Ya sabemos lo que pasó en Antiga Prime, así que no tenemos que dejar que los Protoss avancen porque si llegan a acabar con los Zergs luego vendrá el planeta.
– No creo que los Protoss sean tan estúpidos en creer que vamos a estar al lado de los Zergs y no hacerles nada – dije mientras me acercaba.
– Lamentablemente ya no podemos mover la base – dijo Kerrigan sin mirarme – ya estamos ubicados como para semejante operativo.
– El Fantasma tiene razón – no podemos quedarnos a esperar a los Protoss, debemos tomar otras medidas para acelerar esta misión, porque si no los detenemos van a enviar muchos más. – ¿Qué sugieres Arcturus? – preguntó Kerrigan.
– Lo mejor será destruirlos – dijo Mengsk – no tenemos suficiente armamento para detenerlos teniendo en cuenta que se materializan. Al darse cuenta de la importancia que tenemos en proteger a los Zergs la curiosidad los hará enviar tropas hasta averiguar lo que sucede, asó que propongo un ataque total contra la base Protoss. A veces la mejor defensa es atacar.
– Es una misión suicida – dijo Kerrigan – habrá que dividir a las tropas entre las que se queden a defender y las que salgan al ataque.
– ¿Cómo te llamas Fantasma? – me preguntó Mengsk interrumpiendo a Kerrigan.
– Mi nombre es Mc.Inlay, Malcom Mc.Inlay– le contesté.
– Bien Mc.Inlay, Kerrigan te designará un pequeño ejército al que tu comandarás para realizar un ataque contra la base de los Protoss, asegúrate de que no quede nadie vivo, no obstante desde aquí arriba controlaremos que ninguna nave Protoss escape.
– Arcturus, ¿vas a enviar a un pequeño ejército contra un ejército Protoss? – Preguntó Kerrigan – eso es un suicidio.
– Sarah, dale a su comando una parte de tu ejército, es una orden – dijo Mengsk – Debemos acabar con ellos.
– Como ordenes Arcturus – dijo Kerrigan molesta.

Apagó la mesa, salimos del centro de comando y se dirigió a todos los soldados, cuando la vieron se comenzaron a formar todos sin decir una palabra. Si bien era una mujer se hacía respetar, además de ser la mano derecha de Mengsk.

– Hijos de Korhal – comenzó a hablarle al ejército – Se que es una misión complicada y que nadie quiere estar al lado de los Zergs en lo más mínimo, pero Arcturus Mengsk está con nosotros – dijo señalando al Hyperion en el cielo – así que confiemos, él nos va a estar defendiendo desde el cielo. Todo lo que hagamos va a ser por el Dominio Terran y contra la Confederación.
Todos los soldados gritaron y aplaudieron, ella sabía como y cuando hablarles.
– Mengsk le ordenó al Teniente Mc.Inlay atacar a los Protoss en su campo – continuó Kerrigan – y necesito a los mejores soldados que hay aquí, a quienes no tienen ganas de defender, a aquellos que todavía quieren hacerlos pagar por Antiga Prime.

Rápidamente muchos de los marines dieron un paso adelante, pilotos de Tanque y Fantasmas accedieron a atacar a los Protoss, soldados que no habían venido a defenderse de nadie, además el estar luchando del lado de Mengsk avivaban sus corazones ya que el futuro líder del Dominio Terran realzaba en sus discursos los valores del combate.
– ¿Teniente Mc.Inlay? – le pregunté en secreto.
– No te lo creas demasiado – me contestó mientras veía como el ejército se separaba entre los que querían atacar y los que querían proteger la base – es temporal, si no te pongo un cargo estos hombres te pasan por encima. Así que trata de hablarles fuerte que te van a hacer caso
– Soldados, este día vamos a patear muchos traseros Protoss – grité levantando mi fusil. Ni llegué a completar la frase que todos mis soldados festejaron con gritos fuertes dándome su apoyo a mí, a Kerrigan, a Mengsk y a los Hijos de Korhal.
Fue asombroso ver como un grupo de aproximadamente 300 soldados se pusieron a mi comando, realmente tener un cargo elevado se podría definir como la manera de saber encender el fuego de los hombres para que ellos mismos enciendan el tuyo.

LA BATALLA DE NEW GETTISBURG

Marchamos hacia donde estaba la base de los Protoss, de lejos se podían ver las luces que emitían los pilones. Los Protoss ya sabían que íbamos a ir tras ellos y había que hacer un alto y comenzar a establecer una estrategia, no teníamos un número importante de gente ni la capacidad para construir una base o un fuerte.

– ¿Qué hacemos teniente? – me preguntó uno de los Marines.
– Vamos a hacer un ataque completo, sin detenernos – comencé a decirles – yo y un pequeño grupo de Fantasmas vamos a irnos a una plataforma elevada mientras otro grupo avanzará en modo de camuflaje para ayudar a los Marines desde las sombras. No se preocupen por los Protoss que nos pasen y se dirijan a la base, la Teniente Kerrigan sabe lo que hace.

Los Marines ya sabían lo que tenían que hacer, así que avanzaron cantando canciones de batalla al ritmo de la marcha, a medida que se acercaban a la base de los Protoss se iban alejando de los tanques. Un par de estos quedaron detrás en modo asedio para atacar desde lejos. Mientras tanto, los Fantasmas y yo nos escabullimos por un sector elevado y vimos la acción desde arriba, nos dimos cuenta que no eran la gran cosa, eran menos de 5 edificios, creíamos que era un ejército Protoss y vimos que se trataba de una pequeña flota de exploración.

Dos cañonazos de los tanques de asedio hacia la base dieron la orden para empezar el ataque. Cuando impactaron en los edificios los Marines comenzaron a marchar más rápido mientras nosotros los cubríamos. Desde la posición en donde nos encontrábamos era fácil dispararles en la cabeza a los pocos Protoss que salían a atacar a los Marines. Con los que teníamos problemas era con los Dragones que por su movimiento y lo rebuscado que era el sistema se nos hacía complicado apuntarle al piloto en la cabeza.
Los Marines avanzaban sin tenerle miedo a nada, los tanques disparaban contra los edificios varias veces para romper el escudo que tenían. Los Fantasmas que se encontraban en el campo de batalla no solo anulaban la energía de los vehículos y edificios sino que desde su invisibilidad colocaron bombas en los pilones sabiendo que estos proveían de energía a las estructuras. Como era de suponer vimos partir un par de naves hacia nuestra base, tal como había ordenado dejamos que Kerrigan se entretenga.
Los Protoss comenzaron la retirada a través de sus portales y de sus naves de transporte, habíamos triunfado y con muy pocas bajas. La misión había terminado, sólo quedaban escombros y estructuras apagadas, las pocas naves escaparon fueron perseguidas por un escuadrón de Espectros había salido desde el Hiperión para destruirlos antes que lleguen a destino. No había más nada que hacer salvo regresar a nuestra base para tomar un transporte fuera de New Gettysburg, este lugar me daba escalofríos mas sabiendo que teníamos todavía una colonia Zerg al otro lado.

Cuando nos acercamos a la base los ruidos de una batalla nos recibieron con sorpresa. Traté de comunicarme con Kerrigan pero nadie me contestaba. Creíamos que se trataba de una emboscada en donde los Protoss usaban la base que acabábamos de destruir como un señuelo para materializarse en del otro lado de la plataforma. Así que no nos acercamos demasiado y ordené a mi ejército la misma estrategia que habíamos hecho antes pero sin los cañones de asedio ya que el ejército de Kerrigan estaba disperso por la base. Mientras la fuerza de choque se preparaba para avanzar, yo me fui con un grupo de Fantasmas hacia alguna posición alta, para poder observar bien la situación.
Vimos que no eran los Protoss sino los Zergs que se habían lanzado contra nuestra base. Era una ola de esos bastardos destruyendo todo lo que se le ponía adelante. No se podía apuntar a un objetivo determinado ni ayudar al resto del ejército. Había tantos que no dábamos abasto para acabar con todos, sin contar que nuestros fusiles disparaban un proyectil por vez. No pudimos hacer nada salvo quedarnos en nuestro modo de invisibilidad y ver como los Zergs destruían todo, cualquier acción bélica contra uno de ellos era estúpida e inútil. Traté de comunicarme con la Teniente Kerrigan por si había podido escapar pero fue en vano. Nadie nos contestaba.

– Nos abandonan – gritó uno de los Fantasmas que estaban conmigo – El Hyperion se marcha.
Era cierto, el Hyperion estaba girando y elevándose para irse de la plataforma, se estaban olvidando de nosotros, por ahí no se habían dado cuenta que estábamos vivos.
– ¡Teniente Kerrigan, General Mengsk, Duke, Raynor! – Llamé por mi comunicador – ¡alguien, por favor!
Por extraño que parezca nadie nos escuchaba, estábamos perdidos a merced de los Zergs en toda la plataforma. Sólo quedamos 5 Fantasmas, y estábamos solos.
– ¿Cuáles son las ordenes teniente? – me dijo un soldado rompiendo el silencio.
La verdad que no tenía idea, no sabía que hacer, que decirles o como actuar. Es mucho más fácil cuando vas ganando, será por eso que los líderes siempre mueren en la derrota.
– Debemos marchar – les dije, en realidad no tenía idea – debemos esperar a que nos vengan a rescatar, no creo que Kerrigan y Mengsk den por muerto a uno de sus mejores tenientes –no sabía que decirles, pero no les podía decir que íbamos a ser comida de Zergs cuando estos se expandan lo suficiente como para no dejar centímetro cuadrado libre en esta plataforma, así que ordené marchar a la base de los Protoss para buscar un refugio hasta que alguien nos viniera a rescatar, tuve que inventar esa mentira para darles fe ya que ni siquiera yo sabía lo que nos iba a pasar. Comencé a pensar que todo se trataba de un engaño de los Hijos de Korhal para mantener a los Zergs en la plataforma espacial, Después de todo escaparon todos mandando a martirizarse a un imbécil convenciéndolo que era un Teniente.

ENCUENTRO CON RAYNOR

Los Zergs estaban acumulándose, su colonia estaba creciendo a pasos agigantados y la plataforma espacial ya comenzaba a ser pequeña para nosotros, los escuchábamos todo el tiempo a lo lejos acercarse. Estábamos ocultos entre los escombros de la base de los Protoss que destruimos hace unas horas. Escuchamos ruidos y nos hicimos invisibles, cargamos nuestros fusiles y apuntamos a la puerta. Me acerqué lentamente para ver cuantos Zergs podían ser, esas cucarachas gigantes tienen una vista de calor y tranquilamente pueden estar veinte haciendo una emboscada mientras uno solo hace ruido.

Al salir yo veo a un pequeño grupo de marines junto al Mariscal Raynor, le dije al resto de a mi grupo que se no se moviera me acerqué lentamente a él sin que se él diera cuenta para aparecer de sorpresa y descargar toda la bronca que tenía.

– Maldito seas Raynor – le dije tomándolo del cuello saliendo de mi invisibilidad – Tu, Kerrigan y Mengsk nos abandonaron aquí, me hicieron líder de un grupo para usarme de carnada mientras continuaron la misión.
Escuchaba como todas las armas de los seguidores de Raynor cargaban y me apuntaban.
– No sabes lo que dices, Kerrigan también fue traicionada por Mengsk – gritó Raynor mientras ordenaba a sus hombres bajar las armas – él la traicionó, él la dejó morir por los Zergs.
– ¿Cómo es posible? – le pregunté soltándolo. No podía entender como una persona como Mengsk pudo haber abandonado a su mano derecha.
– Las personas como Mengsk son egocéntricas, para él la vida de todos carece de sentido, y a propósito ¿Quién demonios eres?
– Soy el Teniente Malcom Mc.Inlay, ayudé a Kerrigan a destruir la base de los Protoss.
– Acéptalo Mc.Inlay, todos fuimos engañados, fuimos títeres de Mengsk para su plan de dominación.
– ¿Está bien Teniente? – me preguntó uno de mis Fantasmas haciéndose visible.
– ¿Así que tienes un ejército?, tal parece que Sarah eligió perfectamente a la hora de darte el cargo – dijo Raynor activando una baliza para llamar a los transportadores – Vine aquí a buscarla pero veo que tuve otro tipo de suerte.
– ¿Crees que está viva? – le pregunté.
– Tenía esa idea, Sarah es una mujer muy valiente y pudo habérselas arreglado para salir viva así como saliste tú, pero no voy a perder las esperanzas. Vámonos, volvamos a la base temporal que construí en otra plataforma, ahí estaremos seguros un tiempo.
– ¿Cuáles son tus planes?
– Por ahora escaparme de este planeta antes que los Zergs y luego los Protoss lo destruyan, te ofrezco unirte a mis Jinetes. Si odias a Mengsk por haberte abandonado y dejado morir a Kerrigan entonces tienes todas las características para ser miembro, además no tengo tantos Fantasmas bien entrenados como tú.

No tenía otra escapatoria que aceptar sin dudarlo, me parecía una idea lógica ya que Raynor compartía la misma idea que yo. Así que les hablé a mis hombres de nuestra nueva alineación y subimos a los transportadores. Y partimos desde New Gettysburg hacia otra plataforma espacial, hacia el bastión defensivo más importante que tenía Tarsonis.

LOS JINETES DE RAYNOR

La estructura que se encontraba en la plataforma era un cañón de iones de gran tamaño, cada planeta de la confederación tenía uno orbitando pero el que tenía en frente era el más importante porque era el que defendía Tarsonis, la capital de la Confederación. Estábamos ubicados lejos pero igual seguía siendo imponente, Raynor había ubicado una base temporal, sabía que Mengsk le había puesto un precio a su cabeza así que no debía establecerse en un lugar por mucho tiempo.

– ¿Es alucinante no? – Me preguntó Raynor – ese cañón de iones fue el símbolo de poder de la Confederación, defendía Tarsonis de ataques enemigos, hoy se encuentra desactivado.
– ¿Cuál es el plan ahora?
– Ahora nuestro destino está en Char.
– ¿En Char? – Le pregunté extrañado – ese es un planeta infestado de Zergs.
– Si, se lo que es y sé que parece una locura – me contestó mirando al espacio – pero hay algo que me dice que tenemos que ir hacia ahí.
– Tú me rescataste de New Gettysburg, si tú dices que hay que ir a Char entonces allí iremos.
– Vamos a ir en varios viajes, no tenemos suficientes transportadores, yo iré primero y estableceré una base operativa temporal mientras van buscando al resto.
Raynor y un grupo de soldados y se subieron a las naves de transporte y se prepararon para salir.
– Bueno Teniente, nos veremos en Char – dijo Raynor antes de partir.
Las cuatro naves de transporte se elevaron al espacio y emprendieron el viaje, Raynor sabía lo que hacía, muchos de sus soldados rumoreaban que tenía un contacto con los Protoss, otros decían que la Teniente Kerrigan no había muerto sino que estaba prisionera, lo que sí era que Raynor no estaba tan loco como para realizar un viaje tan suicida sin tener un as bajo la manga.
De pronto el suelo se estremeció y comenzaron a sonar unas alarmas, miré el cañón de iones moverse hasta apuntar a donde estaban los transportadores
– Deténganse – grité por el comunicador – el cañón de Iones está operativo.
Las naves empezaron a acelerar su curso hacia el espacio, ya no había tiempo para aterrizar.
EL cañón disparó e impactó en uno de los transportadores y quedó reducido a cenizas, por suerte no fue el transportador en donde iba Raynor.

– James Raynor, queda arrestado en nombre del Dominio Terran – dijo Duke mientras un grupo de Espectros aparecieron a los costados del transportador.
– Vamos Duke, no voy a detenerme por 5 Espectros – dijo Raynor por el comunicador al ver que todo su ejército estaba apuntándoles a las naves enemigas.
Todos nos comimos la lengua cuando vimos aparecer al Hyperion,
La nave en donde Raynor iba fue obligada a bajar por el Escuadrón Alfa del General Duke.
El general Duke activó el arma más temida de la Confederación, la misma arma que habían desactivado años antes por su poderío.

Raynor había sido escoltado hacia la base del Escuadrón Alfa donde lo iban a encerrar por traición contra el Dominio Terran. Otra vez estábamos solos, sin sentido y dirección alguna. Los Jinetes de Raynor sin un líder y dispersos. Luego de la batalla de New Gettysburg Raynor no sólo se había transformado en un rebelde sino también en un símbolo para unos pocos que vieron como Mengsk lentamente se iba transformando en un tirano, luego de haber traicionado a gran parte de su ejército. Lo pensé varias veces, no era prudente para la historia dejar que alguien como él muriera. Debíamos rescatarlo y escapar, y era lógico que para huir te Tarsonis había que neutralizar el cañón de iones primero.

– Jinetes – grité a todo el ejército – no vamos a dejar que Mengsk se salga con la suya otra vez. Arcturus quiere ser el líder del Dominio Terran entonces que así lo sea, pero no va a ser nuestro líder, nuestro líder esta en estos momentos capturado y es nuestro deber rescatarlo con vida.
– Raynor hubiese querido que nosotros siguiéramos sin él – gritó uno de los soldados.
– Yo no soy Raynor – le contesté gritando a la multitud – nosotros somos sus Jinetes y si lo dejamos prisionero del Dominio Terran vamos a comportarnos como Mengsk se comportó con la Teniente Kerrigan, y como muchos de los que murieron en New Gettysburg, así que vamos a liberarlo y a huir de este planeta.
Los Jinetes gritaron dándome su apoyo en la misión que sería la primera y la más peligrosa a la que se iban a enfrentar.

EL BAUTIZMO DE FUEGO

La orden de ataque la iba a dar yo cuando junto con mi grupo de Fantasmas entremos en la base. No fue complicado infiltrarse dentro del Escuadrón Alfa ya que pertenecimos en algún momento a la confederación y sabíamos como se movían, además a nosotros nos daban por muertos luego de lo sucedido en New Gettysburg, Cuando estuvimos lo suficientemente dentro como para pasar desapercibidos di la orden en secreto y los Jinetes entraron en batalla contra nada más ni nada menos que el ejército del General Duke. Había que destruir ese cañón y el ataque iba a ser de suficiente distracción para rescatar a Raynor y una vez en la base volver a hacer un plan para huir de Tarsonis. Llevábamos explosivos mínimos para abrir la puerta de las celdas pero para nuestra sorpresa no lo habían llevado a una cárcel de máxima seguridad sino a la celda del cuartel, el que en este momento contaba con una mínima seguridad ya que todos los marines marcharon al frente de combate.

Entré invisible al sector de las celdas mientras dos de mis hombres quedaron fuera custodiando la entrada, puse fuera de combate al carcelero y abrí la celda en donde Raynor se encontraba. Estaba esposado en el suelo luego de recibir una gran golpiza de parte de los soldados de Duke.

– Mariscal, es hora de irse – le dije mientras lo liberaba.
Salimos rápido del cuartel y nos dirigimos al campo de batalla para llevar a Raynor a la base, caminaba con dificultad, seguro que si esperábamos hasta el otro día iba a ser ejecutado en público junto con la coronación de Mengsk.
Como lo planeamos anteriormente nos estaba esperando un transportador y un grupo de Marines a un costado de la plataforma, pero Raynor divisó a lo lejos el Hiperión en la estación espacial reabasteciéndose.
– Si tan sólo pudiéramos llegar a él – dijo Raynor mirando el crucero de batalla.
– ¿La base operativa de los hijos de Korhal?, debes estar loco – le contesté mientras intentaba llevarlo lejos de la base enemiga, el tener a Raynor a cuestas me hacía un blanco fácil si me llegaban a descubrir, pero el Mariscal se detuvo y analizó la situación antes de decidir su próximo movimiento.
– Tenemos que salir de este lugar y el Hiperión es la única nave que está al alcance – dijo Raynor mientras me soltaba el brazo – si me llevas a la base va a ser como volver a empezar, ya estamos aquí y el Hiperión de nuestro lado no sólo va a ser un arma potente de nuestro lado sino también un símbolo para los rebeldes para que vean que el nuevo Dominio de Mengsk no es invulnerable. – Tú eres el jefe, además si Mengsk va a ser coronado emperador no creo que le haga falta una base operativa móvil – le dije sabiendo que lo iba a lograr, Raynor era una persona simple pero siempre tenía a la suerte de su lado aunque él nunca la buscaba – Llévate a todos los Marines, yo voy con los Fantasmas a detonar el cañón de iones y a distraer al enemigo.
– Y tú me dices que estoy loco – me contestó riéndose.
– Haz tu trabajo que yo haré el mío, nos veremos en Char.
Nos alejamos mirándonos a los ojos sabiendo lo que íbamos a hacer cada uno confiando en el otro pero no en uno mismo. Transportador se marchó sólo a la base, Raynor se fue con los Marines y yo con los Fantasmas.

Los Jinetes estaban luchando la mejor batalla que hubiesen tenido, estaban conteniendo al mejor escuadrón que tenía en este momento el Dominio Terran. Tanta era la desesperación para no ser derrotados que no se dieron cuenta que Raynor estaba libre en camino hacia el Hiperión y que nosotros acercábamos al cañón de Iones. Si bien estábamos en modo invisible no tuvieron en cuenta que íbamos a pasar por esa zona, igualmente eludimos toda forma que tenían ellos de detectarnos.
Cuando llegamos surgió un problema, no teníamos suficientes cargas explosivas para volar el cañón, habíamos traído como para abrir dos puertas sólidas de una prisión, así que pusimos las cargas en el lugar más vulnerable que tenía: el generador de iones, ya que cuando este se cargaba se transformaba en una bomba de iones que se lanzaba hacia una sola dirección. Así que había que colocar las cargas en lugares específicos para generar una explosión en cadena, la batería, el cañón y el generador. En teoría funcionaría, pero en la práctica tenía unas altas probabilidades de que todo falle.
Salimos tan invisibles como llegamos pero se nos acabó la energía, así que empezamos a correr por nuestras vidas, aprovechando que seguían todos distraídos, el Hiperión seguía en donde estaba pero no íbamos a ir hacia ese lado porque le develaríamos el plan al enemigo o nos estaríamos metiendo en la boca del lobo si Raynor había sido capturado nuevamente o asesinado, así que simplemente corrimos.

Los Fantasmas del escuadrón Alfa se materializaron a nuestro alrededor como era de esperar. En la academia instruyen de la misma forma.

– Teniente Mc.Inlay– dijo Duke por los comunicadores – me sorprende verlo con vida pero no el tenerle que decir que se encuentra arrestado en nombre del Escuadrón Alfa del Dominio Terran. No teníamos escapatoria, ordené a mis hombres rendirse, igualmente ya habíamos completado la misión. No estábamos en posición para defendernos ni nada por el estilo, ya todo estaba en manos del tiempo y de Raynor.

– Atención, se están llevando el Hiperión – gritó Duke molesto por el intercomunicador a todas sus tropas por los comunicadores tan fuerte que hasta nosotros lo escuchamos desde los auriculares de nuestros captores.
Era increíble, Raynor tomó control del Hiperión con una muy reducida tropa de marines. Aprovechó que el escuadrón de Duke estaba prestándonos atención a nosotros para hacerse con el crucero insignia de los hijos de Korhal, Mengsk debe estar enfurecido con todos, especialmente con la rata de Duke. Que les ordenaba a sus hombres que lo detengan de alguna manera mientras ponía en marcha el cañón de Iones.
Los soldados del Escuadrón Alfa empezaron a dispararle en vano al Hiperión mientras ascendía, muchos soldados quedaron en la compuerta principal y en la superficie del mismo crucero, a media que ascendía se iban tirando, preferían un par de huesos rotos que morir en el espacio.

El cañón de iones se preparaba para disparar, el blanco iba a ser el Hiperión que ya estaba a una altura importante, comenzaron a sonar las alarmas para que cada uno tomara posiciones y se preparara para juntar la fuerza que aplicaba el almacenamiento de energía dentro del cañón. El show del cañón preparándose era majestuoso, ver a la estructura moverse te hacía sentir como el ser más insignificante del universo. Una vez que estuvo en posición comenzó a juntar energía de toda la plataforma. Cruzábamos los dedos esperando haber colocado bien los explosivos. Cuando el cañón dejó de cargar energía y se disponía a disparar se escuchó una pequeña explosión que hizo que sonaran las alarmas de alerta. Como una reacción en cadena continuaron las pequeñas explosiones internas haciéndose más constantes hasta que se pudieron ver en las paredes de la estructura. El cañón se comenzó a incendiar y toda su inmensidad se comenzó a caer.

El Hiperión se marchó hacia el espacio sano y salvo, toda nuestra fe quedó en esa nave que de a poco se hacía un pequeño punto brillante en la oscuridad.